Ésta es una pieza creada para un lugar y un momento concretos. A partir del encuentro entre el cuerpo, la música y un árbol, la propuesta establece un diálogo con el paisaje y con las historias que éste conserva. El movimiento se convierte en una manera de escuchar y acercarse a lo que a menudo permanece invisible.
La acción escénica no pretende representar a la naturaleza, sino relacionarse con ella. Los gestos, los silencios y los sonidos invitan al público a detenerse ya observar el entorno desde otra perspectiva, haciendo visibles los vínculos entre memoria, territorio y presencia.
Cada intervención es diferente porque depende del lugar donde se desarrolla y de las relaciones que allí se establecen. Esta obra forma parte de una investigación sobre los espacios naturales como escenarios vivos y la posibilidad de construir experiencias compartidas basadas en la escucha y el movimiento.
Anna Rubio es creadora e intérprete vinculada a las artes del movimiento ya los proyectos site-specific. Su trabajo parte de la relación entre cuerpo, paisaje y memoria, desarrollando procesos creativos que dialogan directamente con los espacios que los acogen.
Su práctica artística se interesa especialmente por los contextos naturales y patrimoniales, entendiéndolos como lugares cargados de historias, experiencias y formas de vida que pueden activar nuevas dramaturgias. Sus piezas se construyen con frecuencia a partir de la investigación del territorio y de la colaboración con músicos y otros creadores.
Más que trasladar un espectáculo a un espacio concreto, su investigación consiste en generar una obra que nazca de las características del sitio y de las personas que lo habitan. Este interés por las relaciones entre movimiento, naturaleza y comunidad atraviesa sus proyectos y convierte a cada intervención en una experiencia única.